Corazones de jengibre

Un año más está aquí San Valentín, esa fiesta en que el capitalismo se cuela entre los resquicios de los corazones rotos y hace que los enamorados se queden (aún más) pegados por los fluidos viscosos de los bombones y los caramelos temáticos que se derriten en los escaparates. La máxima flota en el aire: amar es hacer regalos; si no regalas, no amas. Y cuanto más caro y brillante sea el regalo, más amor.

Como contábamos hace unos años en Parece amor, pero no lo es, los orígenes de la festividad tampoco se libran de tanto dramatismo: se conmemora el martirio de un sacerdote que se opuso a la prohibición de los matrimonios entre jóvenes.

Mientras tanto, el Ayuntamiento de Salas ha suspendido el concurso de piropos que había convocado tras las críticas de la Asociación de Mujeres Separadas y Divorciadas de Asturias, que consideran que “Los asesinatos son la punta del iceberg” de un sistema que la cultura del piropo ayuda a sostener. Y no son los únicos que optan por celebrar el piropo: la Comunidad de Madrid también celebró desde 2003, y al menos hasta 2015, un concurso de piropos. No nos sorprende demasiado que la última edición la ganaran dos hombres.

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“El piropo” (1960) vía madrid.org

Y es que la idea de amor se ha construido a base de opiniones no solicitadas de los comerciantes, los sacerdotes y los gobiernos. Vivimos relaciones en las que consideramos a los demás trozos de carne andantes, como atestigua el carrito de la compra de Adopta un tío. En las que los mandamases de la Iglesia católica, que no pueden casarse ni formar una familia, son quienes dicen a sus fieles cómo y a quién deben amar. Y en la que los gobiernos usan nuestros impuestos no para incentivar la incorporación plena de las mujeres a todas las esferas de la vida (y de los hombres a la esfera doméstica) sino para valorar cómo es más original o gracioso que nos acosen por la calle.

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Imagen de la web www.adoptauntio.es

Así que cuando Uno de 50 saca su colección de “joyas unisex y sin género” (¿?) para San Valentín, no puedo evitar pensar que se están apropiando de una lucha simplemente  para sacar dinero de ella. El supuesto rollo rompedor que buscan se traduce en frases como “Love has no rules” (“El amor no tiene reglas”). ¡Por supuesto que debe tener reglas! No unas reglas socialmente impuestas, pero sí internamente acordadas.

Cartel luminoso de la campaña de San Valentín en una tienda de Uno de 50
“Love has no rules”. Fotografía de una tienda de Uno de 50 tomada en la C/Fuencarral (Madrid)

Afirman rotundamente: “Deja atrás las etiquetas y rompe con lo tradicional”. Pero, ¿sabéis cuál es su pieza estrella? Unos grilletes. Porque detrás de ese discurso supuestamente radical siguen proyectando una imagen del amor que (m)ata y encarcela.

Imagen de las pulseras de Uno de 50 que parecen grilletes
Pieza “Estás grillado” vía Uno de 50

Va a sonar a tópico, pero precisamente son tópicos nuevos y más sanos lo que necesitamos: el amor no se construye en un día, sino que es una tarea constante. Hacer un regalo un día no puede compensar de ninguna manera 364 días de falta de cuidados a tu pareja o ser querido. Además, la comunicación es clave para construir una relación sana: habla con esa persona importante para ti y decidid conjuntamente (y sin dar las convenciones por sentado en vuestra relación) qué queréis hacer en San Valentín. Puede que ambas partes os estéis sintiendo obligadas a regalaros algo y ninguna esté cómoda con la situación. ¿Por qué no regalar, mejor, cuando veas algo que te recuerde a la otra persona? O podéis acordar una fecha diferente para regalaros algo hecho con vuestras propias manos. O tal vez decidáis celebrar San Valentín: pero al menos será vuestra decisión y no una imposición externa.

Porque el amor, cuando es impuesto y no negociado, a veces parece amor… pero nunca lo es.

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