Cómo ser como eras antes

cómo ser como eras antes

En España en el último año ha habido 5.525 condenados por agresiones sexuales (datos oficiales por el Instituto de la Mujer).  Teniendo en cuenta que dos tercios de las agresiones  no se denuncian, esto hace que existan  sólo en España  15000 personas  que han sufrido abusos al año. Sin embargo, en pocas ocasiones las historias que vemos permiten a los personajes descubrir cómo ser como eran antes. 

 

Imaginémonos esta película. Una mujer sufre una agresión sexual. Si queremos ser realistas en esta historia, la agresión sexual vendría de un amigo suyo. Alguien con quien tuviera química. Por supuesto, nuestra protagonista pensará que ha malinterpretado la situación. Que él a lo mejor no la entendió bien. Se lo comentará a un amigo simpático que le dirá que está haciendo una montaña de un grano de arena. Se plantea si realmente tiene razón. “Te estás rayando”. Pero hay algo dentro de ella que no le deja dormir. Se levanta de madrugada sintiendo que el corazón le va a reventar. Cuando un coche rojo pasa por su calle se queda sin aire. Tiene pesadillas. “Te estás rayando”. Pero algo no va bien.

Normalmente en la mayoría de las películas que vemos la víctima detecta inmediatamente que ha sufrido una violación. Ya hemos hablado sobre cómo aprendemos lo que es una agresión sexual. ¿Cómo pensar que a mí me ha ocurrido esto? Más cuando no ha sido el típico violador en serie de CSI. Más cuando has hablado con él, o incluso has deseado acostarte con él. Sin embargo en las películas vemos que cuando hay algún tipo de relación sentimental de por medio, las víctimas ya no son tan inocentes. Aquí hay un maravilloso análisis en Parece amor pero no lo es sobre este tema.  Siempre hay un interés o una relación tóxica detrás. Siempre te enterarás de que alguien ha comentado algo a tus espaldas sobre cómo quieres llamar la atención. Denunciar en este momento ni te lo planteas.

Y ahora viene lo peor. Lo peor porque refleja que la honra no se quedó en los tiempos de Lope de Vega. No lo digo solo porque se siga matando a mujeres como última fase de control de su vida sexual. Lo digo porque parece que una mujer que ha sufrido una agresión no se puede recuperar. En las películas, series y libros, las mujeres permanecen eternamente en duelo. Siempre con miedo al salir a la calle. Siempre con rituales y precauciones extremas, sin poder mover página. Incluso hay un género de películas sobre mujeres que se marchitan hasta la muerte. Literalmente, se mueren en vida. Me parece interesante este género, porque simboliza lo que puede ser una depresión grave. Sin embargo, ¿dónde están todas aquellas mujeres que sí se recuperan?

Me gustaría que la historia siguiera con nuestra protagonista leyendo un texto. La típica amiga activista de Facebook, que no para de compartir textos sobre cómo las mujeres jugamos en desventaja. Se siente identificada. Lo que está dentro de ella le suplica que le preste atención. Así que decide ir al médico. Es ansiedad, le dice su doctora, y decide citarla cada semana. La excusa es controlar la medicación, la realidad es permitirle hablar. La historia sale a la luz contada muy rápida. La voz le empieza a temblar. La doctora está en silencio y ella rompe a llorar.

Poco a poco cada vez llora menos. Es complicado, pero hay días que no se acuerda. Ha conseguido que él desaparezca de su vida. Hay días que son difíciles. Hay días en los que da un rodeo para no pasar por la puerta del local donde le conoció. Pero cada día pasa más veces, y cada día se da más cuenta de que no pasa nada. Vuelve a salir. A volver tarde. Y sabe lo que le ha ocurrido. Pero ya no domina su vida.

 Afortunadamente, cada vez hay más historias de mujeres sobre cómo afrontan su historia de agresión. Kill Bill, Jessica Jones, Furiosa de Mad Max. Sin embargo, fuera del cine de acción todavía estamos muy lejos de salir de la víctima sin opciones de dejar de serlo. Hay alguna excepción como Girls, pero no es lo más frecuente. Aunque no lo parezca, todavía estamos demasiado cerca de esa Scarlettt O’Hara que se despierta feliz y contenta después de la terrible escena de violencia por parte de su marido.

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Soy médico y además me gusta escribir. Soy una de las co-creadoras de El Violeta es el nuevo Negro. Me gusta ver Netflix, los blogs de autoras femeninas y pensar en lo que podría ser una buena historia.