¿Dónde están las Superheroínas?

*Aviso: cuando utilizo los plurales “niñas” y “niños” me refiero a niñes tanto cis como trans, y lo hago para resaltar las diferencias educativas en roles de género.

 

Hace poco estuve trabajando en un evento con niñes y, una vez más, volví a comprobar que los niños pedían en el pintacaras personajes fuertes y heroicos, como Superman, Hulk o un pirata; mientras que una gran mayoría de niñas elegían temáticas más “delicadas” como pintarse de mariposa, princesa… La suerte es que, por lo menos ahora, en Disney tenemos una mayor bancada de “princesas” fuertes y empoderadas, así que disfrazarse de Elsa no es lo mismo que disfrazarse de la Bella Durmiente en mis tiempos. En cualquier caso, se siguen repitiendo ciertos patrones en los disfraces y en los iconos de niños y niñas.

Yo estaba haciendo un taller de caretas, cuando vino una niña a pedirme que hiciéramos una de Batman. Me dijo que era su Superhéroe favorito. Entonces me alegré porque esa niña no fuera pintada de rosa ni quisiera una corona, ni una careta de gatito. Me alegré porque bueno, porque se salía del rol establecido, y eso, de alguna extraña forma, me gustaba.

Cuando terminó el evento y con la calma pude pensar de camino a casa, me vino la pregunta: ¿por qué esa niña ha tenido que coger como referente heroico un hombre? ¿Dónde están las Superheroínas? ¿Por qué para disfrazarme de Superloquesea pienso antes en personajes masculinos que femeninos? ¿Por qué a las niñas se las disfraza siempre con falda? ¿Por qué los disfraces que venden de Supergirl para niñes parecen sacados de una tienda erótica?

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Entonces comencé mi investigación sobre la representación de las mujeres en el mundo de las Superpersonas con superpoderes. A pesar de que se me venían a la cabeza algunos ejemplos rápidos, quise documentarme un poco mejor. Puse en el buscador “superheroínas” y, para mi sorpresa (¿o quizás no?) uno de los primeros artículos con los que me topo es este de cinemanía, donde hacen una lista con las superheroínas más sexys del cine. A modo cosificador, van repasando algunas de las superheroínas y supervillanas más famosas del cine, con perlas como “si todos esos asesinos fueran como esta Angelina tan tatuada, tan zorruna y tan ducha con las armas, nos dejaríamos gobernar muy gustosos” hablando del personaje de Angelina Jolie en Wanted (2008).

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Cinemanía no es el único, otros como IGN España o el 20 minutos también han dedicado su espacio a hablar de lo sexys que son las superheroínas e, incluso, en el caso del último, a realizar votaciones populares para hacer un ránking de la heroína más sexy.

Pero, a pesar del machismo que desprende el artículo de Cinemanía, podemos sacar dos importantes conclusiones a partir de una de sus frases: “desde que los superhéroes comenzaron a tomar el cine por asalto, han estado acompañados por chicas salidas de los sueños más salvajes de Jim Lee, George Perez y otros profesionales del cómic especializados en los cuerpos estupendos“. Efectivamente, muchas de estas Superheroínas surgen en la ficción como acompañantes de sus compañeros hombres Superhéroes y, además, tienen cuerpos estupendos y heteronormativos con los que alimentar las fantasías de los hombres a los que estos cómics estaban dirigidos y por los que estaban creados. Porque las mujeres no leen cómics, sólo revistas de moda y cotilleo, ¿no?giphy.gif

A las mujeres se nos cosifica, en el cine romántico o en el de ficción. Somos objetos pasivos de la acción y, en el caso de ser activas, como algunas de estas heroínas, se encargan de dejarnos claro que son las novias de X superhéroe. Creo que pocas o ninguna película de Marvel pasaría el test de Bechdel: que haya al menos dos protagonistas femeninas, que ambas mantengan una conversación en algún momento y que esa conversación sea sobre algo distinto a un hombre. Ocurre que, en la ficción, a pesar de ser una mujer poderosa con capacidad para salvar al mundo, muchas veces pareciera que lo más importante y primera preocupación de estas heroínas son los hombres, gustarles, atraerles y complacerles.

Esto va altamente ligado a la invisibilización de estas mujeres en la representación cinematográfica general. Ocurre que, a veces, incluso aparecen las mujeres de forma anecdótica como si hubiera que meterlas con calzador para así tener algún personaje femenino con el que poder emparejar al guapo de la película, como ocurre en Los Increíbles. Mentiría si os dijera que, a mí misma, al oír la palabra “superhéroe” o “superheroína”, no me viene primero a la mente Batman, Superman y Spiderman que Wonderwoman, Catwoman, Miss Marvel o Tormenta ¿Por qué? ¿Por qué los hombres tienen tanta visibilidad, poder e importancia en todos los ámbitos? ¿Por qué cuando de pequeña quería volar decía “como Superman” y no “como Supergirl”?

Por otra parte, ¡menudos cuerpos y menudos trajes! Las superheroínas no son mujeres cualquiera (y no lo digo por los superpoderes), sino por sus cuerpos monumentales, voluptuosos y de infarto, enmarcados en trajes de cuero (Catwoman), minifaldas (Wonder Woman), apenas unas telas que cubran los pezones (Tormenta), ajustados bodys (Miss Marvel) … Que se encargan de recordarnos que, lo importante, es tener el cuerpo que el sistema patriarcal y capitalista quiere que tengamos: 90-60-90. Da igual que tengas superpoderes, que seas más fuerte que la mayoría de los hombres, que estés dispuesta a salvar el mundo, que vueles o que encuentres la cura de alguna epidemia mundial; lo primero es lo primero, y en este mundo por y para hombres, lo primero es estar guapa.

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¿Quién nos ha engañado haciéndonos creer que esos trajes ceñidos, cortos, o con apenas tela eran cómodos para salvar al mundo de los peores villanos y villanas? Si yo al gimnasio voy en chándal y con coleta mal hecha, no me quiero imaginar la vestimenta que elegiría para una tarea tan complicada como la de estas heroínas.

Claro que, cabe plantearse quién escribe estos guiones y cómics y para quien van dirigidos. En un sistema como el nuestro, el machismo está sustentado por una estructura económica, política y social que lo legitima. La mayoría de directores de películas de ficción y dibujantes de cómics son hombres (Steve McNiven, John Romita o Walter Simonson) y, como bien dice Cinemanía, muchas de estas superheroínas están salidas de sus “sueños más salvajes”. Por tanto, son representaciones eróticas de las fantasías heteropatriarcales de estos autores de la ficción y, en consecuencia, se ajustan a los cánones de belleza impuestos por la sociedad, una sociedad hecha por y para los hombres privilegiados, es decir, los hombres occidentales, blancos, clase media-alta, heteros y cis (es decir, que se identifican con su género asignado al nacer).

Poco a poco voy entendiendo mejor por qué muchas niñas no tienen en quien identificarse en el mundo de la ciencia-ficción o, incluso, porque yo, en mi infancia, jugaba a ser Superman y no Supergirl (¿Que la versión femenina de Superman sea con “girl” y no con “woman” es aleatorio?). Es difícil que una niña de 10 años se sienta representada por una mujer con pechos voluptuosos y cintura de avispa, un traje de cuero ceñido sacado de las mejores escenas bdsm del porno mainstream y una erotización de los personajes marcada por su constante afán por ligarse al buenorro de turno, también con superpoderes. Habrá quien diga que es ciencia-ficción, y como tal no tiene por qué ser fiel a la realidad (más bien lo contrario), pero aun no entiendo por que todas las superheroínas y (aquí voy tirar también para el otro lado) todos los superhéroes tienen que tener esos cuerpos totalmente irreales, ¿era necesario?

Mención especial a la representación de personajes LGTBI+ en la ciencia-ficción. Alguno hay (por ejemplo, Batwoman se declara abiertamente lesbiana) y de alguno sospechamos (esa relación entre Batman y Robin…), pero creo que también sería un paso importante en la visibilización de este colectivo que los personajes se mostraran como tal de forma transparente. También sería de gran ayuda para les niñes que no están dentro del espectro heteronormativo, y que necesitan ver su identidad representada y legitimada también por sus héroes y heroínas.

Mañana se estrena la nueva película de Wonder Woman. Hay quien dice que es todo un alegato feminista de la fuerza y empoderamiento femenino. Yo, a primera vista, sigo observando los mismos trajes ajustados, los mismos cánones de belleza heteronormativos y la misma cosificación de la mujer, además de una relación de amor romántico con el personaje masculino, Steve. Habrá que esperar a verla para saber hasta qué punto esta nueva versión es o no feminista, aunque a priori tiene algunos puntos fuertes: el reparto es mayoría mujeres, hay varios guiños a la historia del feminismo (el movimiento de las sufragistas, por ejemplo), la directora es una mujer (Patty Jenkins, un hecho que pasa pocas veces en este género) y los personajes femeninos son fuertes y empoderadas. Espero, sinceramente, que esta película pueda ser un buen comienzo para que las mujeres empiecen a ser protagonistas de sus propias historias, y no meras acompañantes, y que haya muchas niñas en este mundo que puedan querer ser igual de fuertes y valientes que WonderWoman y que, en el próximo evento infantil, haya muchas niñas-supermujeres dispuestas a salvar el mundo.

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