Las diosas del caos

¿Por qué una cultura iba a adorar a una diosa del caos como Kali? ¿Qué motivaba a los seguidores de Cibeles a mutilarse en ritos en su honor?

En las culturas antiguas, el papel gestador y dador de vida solía representarse en la figura  de una diosa. El cuerpo femenino se asemejaba a aquella tierra de la que germinaban los árboles y se nutrían los animales. En culturas posteriores, mucho menos basadas en la relación con la naturaleza, esta idea se mantuvo.

Sin embargo aquellos que dedicaban sus días a observar lo que les rodeaba, también valoraron una cosa. Para que surja un nuevo árbol, otro debe de morir y dejarle hueco. La vida del conejo y la del lobo son igual de válidas, pero dependen mutuamente de la muerte del otro para sobrevivir. Así, aprendieron que la muerte y la destrucción eran tan necesarias y tan importantes como la vida y la creación. Para que todo pueda existir tal y como lo conocemos, todo debe crearse y destruirse continuamente.

Además, se dieron cuenta de que esa tierra benévola que está continuamente regenerándose también podía ser una tierra hostil y cruelmente destructiva.  Los huracanes, las tormentas, los fuegos. Es innegable la violencia de una llamarada, la desolación tras la crecida de un río, la sobrenaturalidad de un trueno. Estos fenómenos naturales también se han incluido en la figura de las diosas del caos.

Las diosas del caos representan esa intimidad opuesta entre creación y destrucción. En algunos casos surgen del impulso destructivo puro, como la diosa hindú Kali. Kali nació de la ira de la diosa Durga en una de las batallas entre dioses y demonios.  Su representación es la de una mujer, azul o negra, con los ojos y la boca abiertos dejando ver una enorme lengua roja. En su cuello lleva un collar de calaveras y su falda está hecha de brazos humanos. Dentro de todo el panteón de dioses hindúes el único capaz de calmarla es su marido Shiva arrojándose a sus pies, en un ejemplo de esa unión entre creación y destrucción.

Otras veces, la diosa adquiere su función después de un hecho concreto. Cibeles o Ceres para los griegos, era una diosa antigua, una diosa apartada del Olimpo que se dedicaba a cultivar la tierra. Ceres tenía una hija, Perséfone. Cuando Perséfone recogía flores con una ninfa fue raptada por Hades, el dios del Inframundo. El dolor de Ceres paralizó el mundo: los árboles no daban frutos, las semillas no germinaban. Ceres llegó a un trato con Hades para recuperar a su hija, pero este la engañó e hizo que Perséfone tuviera que volver al Inframundo cada 6 meses. Estos 6 meses en los que Ceres paraba la naturaleza explicaban en las culturas antiguas la creación del invierno.

En la mitología inca, Pachamama  es la Madre Tierra. Ella cuida de todos los seres que la pueblan. Su culto incluía ofrendas para tener buenas cosechas. Sin embargo había que tener cuidado para no ofender a Pachamama puesto que podía provocarse su “hambre” e invocar a desastres y enfermedades.

Actualmente no tenemos en la cultura occidental diosas del caos. Leer sobre estas figuras puede ayudarnos no solo a entender cómo pensaban otros pueblos, sino a entender incluso nuestras fases de creación y destrucción, y como a veces es importante dejar que algunas cosas se vayan para dar paso a otras nuevas.

 

 

 

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Soy médico y además me gusta escribir. Soy una de las co-creadoras de El Violeta es el nuevo Negro. Me gusta ver Netflix, los blogs de autoras femeninas y pensar en lo que podría ser una buena historia.