Libres y fuertes, feministas siempre: Manifestación 8M

Foto principal: Laura Rebollo

Edición: Carlota OM

“Soy mujer. Y un entrañable calor me abriga cuando el mundo me golpea. Es el calor de las otras mujeres, de aquellas que hicieron de la vida este rincón sensible, luchador, de piel suave y tierno corazón guerrero.”

– Alejandra Pizarnik.

Ayer la sororidad y la fuerza de lucha invadió las calles de Madrid. Una manta de miles de personas tiñó la capital de negros y morados para reivindicar la igualdad de género. Con el lema “Juntas y fuertes, feministas siempre”, conmemoramos a aquellas mujeres que en 1857 y 1908 lucharon por la igualdad salarial, la reducción de jornada o la conciliación familiar.

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Cartel de la convocatoria

Es precisamente el hecho acontecido durante el 8 de marzo de 1908 el que dio lugar a este día. En Nueva York, 200 mujeres que luchaban por la reducción de la jornada laboral a 10 horas y la obtención de permisos para amamantar a sus bebés, fueron quemadas vivas dentro de la fábrica textil en la que trabajaban (Triangle Shirtwaist) por el propio dueño de la misma (146 mujeres fueron asesinadas). Lo que cuenta la historia, es que las telas con las que estaban trabajando eran de color malva, y que, cuando se quemó la fábrica, el humo que se veía salir era de este color.

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Es por ello que el color malva/violeta es el color abanderado por el feminismo y el 8 de marzo se proclamó oficialmente como el Día de la Mujer Trabajadora, que ahora ha pasado a ser “Día Internacional de la Mujer” porque no se estaba teniendo en cuenta a todas aquellas mujeres en paro (u otras condiciones), que no quedaban bien representadas bajo el término “mujer trabajadora”.

¿Por qué una manifestación?

Ayer salimos a las calles para conmemorar, al grito de “porque fueron somos, porque somos serán” a todas estas mujeres de 1908, pero también a otras que defendieron y lucharon por el feminismo, tanto aquellas cuyos nombres aparecen (aunque poco) en algún libro: Emilia Pardo Bazán, Rosalía de Castro, Clara Campoamor, María Moliner, etc. (por mencionar algunas precursoras del feminismo en España), como aquellas otras compañeras anónimas cuyos nombres no han perdurado hasta nuestros días, probablemente porque muchos hombres nunca quisieron que supiéramos de ellas.

Ayer salimos a las calles para alzar la voz y llamar la atención sobre hechos tan alarmantes como que, en España, las mujeres cobran un 23% menos que los hombres, ocupan tan sólo el 23% de los puestos directivos frente al 73% de los hombres y sumamos 2.014.000 empleos a tiempo parcial frente a los 776.500 de los hombres. Las mujeres también son las que dedican más horas a las tareas del hogar (aproximadamente, un 50% más) y se dedican en mayor medida a la crianza.

Ayer salimos a las calles como muestra de apoyo a las compañeras que han pasado 26 días en huelga de hambre en la Puerta del Sol (Asociación Velaluz) porque, aunque han parado la huelga tras el compromiso de los partidos políticos de llevar a cabo sus 25 propuestas, hoy hemos conocido que, su primera propuesta (que lxs hijxs se consideren víctimas de terrorismo machista para así tener una pensión que les asista) ya ha sido denegada en el Parlamento.

Ayer salimos a la calle porque aún queda mucho, mucho, por luchar.

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Foto: Alejandra Flores

La manifestación

A pesar de las miles de personas que estuvimos presentes en la manifestación, ayer también recordamos a las que no estaban entre nosotras. Además de gritar “no estamos todas, faltan las asesinadas”, no nos olvidamos de otras mujeres que tampoco pudieron estar ayer: las refugiadas. Y es que, el feminismo no se limita a la lucha por la igualdad de género bajo la lente occidental, sino que el feminismo consciente lucha por todas aquellas personas más desfavorecidas y, especialmente, por aquellas en situación de opresión y vulnerabilidad. Recordemos que no hay un sólo feminismo, hay múltiples feminismo(s).

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Foto: Laura Rebollo

La manifestación fue un abrazo colectivo, de esos que se sienten fuertes y cálidos, cercanos. Nos sonreímos entre nosotras como señal de alianza, de sororidad, de entendimiento (hablaré en femenino plural para referirme a todas las personas que estábamos en la manifestación, porque la palabra personas es en femenino) . Nos dimos las manos para decir “que no, que no, que no tenemos miedo”, porque cómo tener miedo entre tanta compañera abrazando tu lucha, nuestra lucha. Subimos el puño para que todo el mundo supiera que “aquí están las feministas”. No quedamos indiferentes en Gran Vía al pasar por delante de aquellas marcas que explotan cada día mujeres, hombres, niñas y niños (personas, en definitiva) en otras partes del mundo, y les mandamos como mensaje que “patriarcado y capital, alianza criminal”. El sol fue bajando poco a poco, y  dejamos claro que “la calle, la noche, también son nuestras” e intentamos sumar aliadxs señalando a las personas ajenas a la manifestación con un “no nos mires, únete”. Volvimos a recordar a nuestras compañeras asesinadas, para repetir, las veces que haga falta: “Ni una menos, vivas nos queremos”. Tampoco nos quedamos atrás con el rechazo a la transfobia, a través de distintas pancartas que hacían referencia al famoso autobús que estos días ronda España. No nos olvidamos de los comienzos de este día, y también hubo espacio para las consignas sobre igualdad laboral y salarial. Y es que “queremos empleo, trabajo nos sobra”, y que sea un empleo digno, con los mismos salarios que nuestros compañeros hombres, que nos permita ascender y que nos deje conciliar nuestra vida familiar y laboral.

Además, dejamos varios recados. Por si algún machirulo no lo tenía claro aún, les volvimos a repetir que “no quiero tu piropo, quiero tu respeto”. A la prensa, que parece que aún tienen dudas y confusiones, les aclaramos que “no son muertes, son asesinatos”. A las tiendas de ropa les explicamos que “la talla 38, me aprieta el chocho”. E hicimos un llamamiento a aquellas compañeras que aún no se han unido al movimiento: “mujer si no luchas, nadie te escucha”.

Y es que, como decía Malala Yousafzai: “No esperes a que llegue alguien y hable por ti. Eres tú quien puede cambiar el mundo”. Por eso ayer salimos miles de personas a cambiarlo, a gritar por los derechos sociales, por la igualdad, a reivindicar la importancia de la sororidad y la solidaridad, a decir que no nos olvidamos, que no paramos, y que no tenemos miedo.

Porque es necesario que alcemos la voz. Porque de vuelta a casa a varias de mis amigas nos volvieron a lanzar piropos invasivos por la calle. Porque un hombre en la calle me llamó feminazi y me intentó asustar haciendo como que “me atropellaba” con la moto para meterme miedo. Porque hoy las mujeres siguen cobrando menos y la cola del finiquito sigue siendo de embarazadas en muchas empresas. Porque los chistes machistas no tienen gracia. Porque somos más mujeres estudiando en la Universidad, pero apenas hay mujeres catedráticas. Porque las pensiones de las mujeres son mucho más bajas. Porque hay abuelas que han sacado adelante familias de 6 hijxs y aún dicen que ellas no eran trabajadoras. Porque los líderes de los principales partidos políticos son hombres. Y porque han mentido a las compañeras de Sol con falsas promesas. Porque la pobreza en el mundo está feminizada. Porque continúa la ablación genital femenina y los matrimonios infantiles. Porque miles de mujeres sufren maltrato cada segundo. Porque nos están violando y asesinando. Porque ya basta, porque estamos hartas, porque no hay quien nos pare, porque no somos sumisas, porque calladas no estamos más guapas.

Porque la revolución será feminista, o no será. 

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Foto: Olmo Calvo Rodríguez
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