Los thrillers machunos de estos Goya

Si de algo han venido cargaditos estos Goya ha sido de presencia masculina. De las 5 películas nominadas a mejor film, todas han sido dirigidas por hombres. Y casualmente, todas protagonizadas por ellos, a excepción de Julieta de Almodóvar.

Además, en muchas de estas películas los protagonistas son hombres cortados por el mismo patrón: esos tipos oscuros, peligrosos, que guardan secretos, y capaces de cualquier cosa para conseguir sus fines. Puede verse claramente en “El hombre de las mil caras”, “Tarde para la ira” o “Que dios nos perdone”. Thrillers con personajes masculinos donde el papel de la mujer es prácticamente nulo. Por supuesto, ninguna pasa el test de Bechel.

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“El hombre de las mil caras” (Alberto Rodríguez,2016)

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En esta película apenas vemos tres personajes femeninos: la mujer de Roldán (ex director corrupto de la Guardia Civil), que más allá de ser “la mujer de” y sufrir un poquito por ser “la mujer de” apenas tiene más presencia. De hecho, se pasa la mitad de la película embarazada, pero el tiempo avanza y su tripa es invisible.  La otra es “la  ex mujer de” Paesa, y ya. No podemos añadir mucho más. La tercera y última, “la sobrina de” Paesa, que aparece durante dos minutos de película como herramienta para conseguir los chanchullos de su tío.

“Que dios nos perdone” (Rodrigo Sorogoyen, 2016)

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Ésta es casi mejor. Nos encontramos con dos super polis de ciudad, de esos atormentados por todas las cosas malas que han visto. Uno de los protagonistas, el personaje de Roberto Álamo, se dedica a contar chistes de antidisturbios que pegan a chavales y a comentar lo mucho que se va de “putas”. Pero claro, luego, su mujer, harta probablemente de estar con un imbécil, le engaña con otro. Y el sufre. Sufre muchísimo. Porque “irse a putas” no son cuernos, pero esto sí. Y su hija adolescente, de la que ha sudado siempre, viene a apoyarle y a darle los cuidados que ella nunca ha recibido, porque los machotes de cuidados no saben.

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El otro protagonista, el personaje de Antonio de la Torre, es tartamudo. Es tartamudo porque su madre fue muy mala con él. El pobre no tiene mucha suerte con las mujeres, pero parece tener feeling con la asistenta de su bloque. Así que la invita a casa. Ella le trae gazpacho y él casi la viola. Lo normal. La chica se va tras golpearse contra el suelo y comenzar a sangrar. Pero luego vuelve, con lo cual el tartamudo ya no es tan malo. ¿Por qué? Porque están enamorados.

Y entre medias, hay un chavalín que se dedica a violar y a matar ancianas. Su madre también debía ser muy chunga con él, porque tiene una especie de síndrome de Edipo. Y los super polis van a cazarle durante la JMJ, que la verdad no tiene nada que ver con la película, pero ahí está.

Además, como es una historia de polis machos, tampoco vemos a demasiadas mujeres ejerciendo este tipo de cargo. Las únicas: una forense que siempre está amargada y no sabemos por qué. Los tíos forenses hacen humor negro. Las mujeres se enfadan. Así es la cosa. Y luego, una compañera, cuyo papel es totalmente conciliador. Aparece para preguntarles cómo les va y para separarles cuando liberan su testosterona y se pegan por que sí.

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“Tarde para la ira” (Raúl Arévalo, 2016)

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Tampoco cambia mucho. La única mujer “protagonista” es totalmente pasiva. La “mujer de” y la “amante de”, porque protagonista y antagonista comparten señora. De hecho, el personaje de Antonio de la Torre, decide ligársela únicamente como forma de plantear su venganza contra su archienemigo.

La verdad es que una se siente decepcionada, tanto como mujer como “intento de” profesional de este medio. Y, sinceramente, desde un punto de vista argumental y de trama podría decirse que son películas bastante decentes. Pero cuando te pones las gafas moradas y analizas las narrativas desde una perspectiva de género, todo cambia.

Te das cuenta de que damos un paso hacia adelante, para dar dos hacia atrás. Mientras la mayor profesional del cine de animación de nuestro país (Maite Ruiz de Austri, mujer) piensa en abandonar su carrera por el machismo y el elitismo de este mundo, nosotrxs seguimos repitiendo viejos patrones.

Esperemos que pasito a pasito, y gracias a las grandísimas profesionales invisibilizadas de este sector, comencemos a patear este tipo de cine y a crear uno más representativo de toda nuestra realidad.

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