¿Por qué se ve mejor que en la pareja el hombre sea más mayor que la mujer y no al contrario?

La razón de esta reflexión se debe a uno de los hits reggaetoneros del verano cuyo contenido normaliza una tendencia general en las relaciones sentimentales y/o sexuales heteropratiarcales de nuestra sociedad. Hablo de “Mayores” de la cantante Becky G. y el trapero Bad Bunny, que elogia la diferencia de edad entre los miembros femeninos y masculinos de una relación. Poca atención le había prestado hasta el momento a este fenómeno, que, sin embargo, a todas nos resulta familiar, ya que desde que nos iniciamos en las relaciones con hombres, nunca se ha tildado de raro que un chico sea mayor que nosotras. Es más, esta situación es la que prevalece en nuestro entorno, por lo que no sólo no se señala como nociva para el sano desarrollo de nuestras vidas sexuales, sino que la estandarizamos, asumimos esta situación como la habitual, y por consecuente, por correcta.

Hablo de perjudicial para nuestro desarrollo porque para cada etapa de la vida figura un interés correspondiente que, por lo general, no coincide en personas de diferentes edades, si la diferencia de esta difiere considerablemente. Una chica de 13 años no busca lo mismo que un chico de 18. Se viven de una forma completamente distinta y colocan el foco del vínculo en aspectos que nada tienen que ver el uno con el otro. A esta cuestión se le suma que una sociedad cimentada sobre pilares patriarcales nos ha culpabilizado durante siglos del posible malestar en una relación, por lo que se ha depositado una presión enorme sobre nosotras por complacer a la otra persona. Es decir, si nuestra pareja muestra su descontento para con algún aspecto de la relación, nosotras, movidas por una prioridad impuesta,  podemos llegar a renunciar a nuestra voluntad por cambiar ese aspecto. Es así como muchas de nosotras abandonamos de forma inconsciente el natural desarrollo de nuestras actividades adolescentes por desempeñar un papel que nos han impuesto desde edades tan tempranas, que no somos ni capaces de identificar este comportamiento servicial.

Para justificarlo, sin embargo, la sociedad ha usado la excusa de que las mujeres maduramos antes, que no sólo me parece muy desacertada en temas tan delicados como la voluntad de mantener relaciones sexuales, que se puede ver alterada al no saber hasta qué punto nos sometemos, sino que además despoja a los hombres de una gran responsabilidad sobre sus actos y sus exigencias, así como a menudo se emplea dicha excusa para disculpar todas sus conductas desafortunadas alegando “que los chicos son así, ya madurarán” desplazando una vez más el problema.

Tan arraigada está esta realidad en nuestra vida consuetudinaria, que nos escandalizamos cuando se revierte la estampa y es ella la mayor, que ojo, no es comparable porque ninguna mujer mantiene relaciones sentimentales con menores de edad o chicos cuyos intereses se puedan ver alterados por el deseo de la mujer. En este caso la mujer se expone a una oleada de críticas y denigración, nadie desconoce el término “asaltacunas”.

Lamento mucho haber aumentado el número de reproducciones de esta canción en YouTube, así como el de otras muchas canciones pertenecientes a otros estilos musicales que fomentan estos comportamientos. No pretendo tachar el reggaetón de estilo musical machista por excelencia, sino someter al análisis exhaustivo nuestro ocio para crear conciencia y fomentar un consumo/ocio alternativo que nos incluya como figuras congruentes y homólogas.

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Psicóloga especializada en infancia, adolescencia y educación, ese espacio donde la sensibilización en la igualdad de género tiene una especial relevancia, porque las niñas y niños que concienciemos hoy, serán las personas que luchen por la igualdad mañana. Feminista (y sin miedo a decirlo) desde que me puse las lentillas moradas y pude ver la gran desigualdad que rodeaba a mi género.

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