Por trece razones y un gran motivo

Por Trece Razones ha sido el fenómeno del momento. Y no lo ha sido por sus datos de visionado o por la cantidad de gente aclamándola. Cada semana, una asociación especializada en psicopatología adolescente nos da sus razones sobre si la serie es buena mala. ¿El motivo de tanto debate? El suicidio adolescente.

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Hannah Baker es una chica aparentemente normal en un instituto al que tus padres no dudarían en enviarte. Por ello sorprende que esta serie comience con su suicidio y las trece razones que le llevaron a ello. El que pone el hilo conductor entre cinta y cinta de Hannah es Clay Jensen, un compañero nuevo de Hannah confuso  y enfadado, que se arrastra por la ciudad con el walkman de un amigo.

A diferencia de otras series de adolescentes, Por Trece Razones no funciona por subtramas amorosas y giros de guión dramáticos.  Es la crónica de la catástrofe anunciada que sentíamos que ocurriría en algún momento en el instituto, y a la vez, la propia incredulidad de que por fin haya pasado. Por Trece Razones asusta, porque no nos esperamos que les adolescentes sientan. La cultura popular nos dice que la adolescencia es una locura de sentimientos, pero siempre exagerados y desmedidos. En general, en muchas series de este tipo con muertes traumáticas, la tristeza de sus protagonistas más jóvenes dura lo que queda de capítulo. Y de repente, una serie sobre la evolución de la depresión de una chica y el duelo de un grupo de adolescentes se hace viral.

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De hecho, ahí está el principal conflicto de la serie. Mientras en el instituto, la bola de nieve que comienza en ese punto donde se encuentran el machismo y las nuevas tecnologías se va haciendo más grande, los adultos permanecen ajenos. Los adolescentes sienten, y sienten mucho, pero de una forma superficial e inmediata en opinión de los adultos, lo que lleva a identificar casos de bullying como alboroto en clase o la depresión de Hannah como tristeza propia de la edad.  Si ya es difícil dar la gravedad adecuada a estos hechos, más todavía lo es hacer justicia.

Por otro lado, como he comentado anteriormente, las nuevas tecnologías pero especialmente el machismo millenial conducen la historia como el queroseno. La escalada de violencia sexual va aumentando gradualmente. La mayoría nos identificamos con haber hecho listas puntuando al sexo opuesto del instituto (y digo sexo opuesto porque en el instituto tiene que ser el sexo opuesto) pero a la vez conocemos lo que se encierra en estas listas. En Por Trece Razones, algo que empieza como un experimento del propio cuerpo, el amor y la sexualidad termina en slut-shaming, o lo que viene a ser lo mismo, humillar a Hannah por una supuesta vida sexual que de haber existido tampoco hubiera tenido nada de malo.

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Aún así, es difícil pensar que la responsabilidad de una depresión que termina en suicidio es exclusivamente de un grupo de adolescentes. Lo primero porque la depresión es una enfermedad  multifactorial con muchos componentes que dependen de la persona afectada*. Lo segundo, porque Hannah nos cuenta como se marchita lentamente mientras ningún adulto a su alrededor se da cuenta. Mi yo de 15 años podría haber pensado que Hannah había conseguido escapar, pero nunca que hubiera ganado nada. Hannah no es una triunfadora,  es una mártir. Mientras sigamos pensando que perder una amistad en la adolescencia no duele, que superar el acoso escolar consiste en ponerte en estudiar y las campañas vayan dirigidas a que no envíes fotos para que no acaben en manos equivocadas (la versión moderna del qué dirán) nos costará entender por qué una adolescente aparentemente feliz e integrada toma la durísima decisión de suicidarse.

Hacedles un favor a quienes conozcáis en edad de instituto y enseñadles esta serie. Pero no tirándoles una cuenta propia de Netflix, sino sentándoos en el sofá, sin móvil de por medio. Mostrad lo dañinas y crueles que son las etiquetas sexuales. Contad alguna anécdota propia. En serio, aunque sea mala y humillante, una de las cosas más bonitas que puedes sentir es que tu angustia no es porque algo en ti esté mal, sino porque es algo que a todos nos ha tocado vivir. Por tanto, que tú también puedes vivirlo y superarlo. Explicad los temas calientes de la serie, como son la agresión sexual y el suicidio, y preguntáos vuestra opinión mientras lo hacéis, porque nadie lo sabe todo. Y por favor, disfrutad mostrándole a alguien lo que te hubiera gustado conocer cuando tenías su edad.

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*Un pequeño apunte sobre la depresión. Por Trece Razones es una serie de ficción, no un modelo establecido sobre la depresión adolescente o una relación causa – efecto 100% fiable. La depresión es una enfermedad multifactorial, donde juegan la genética, la propia personalidad y el ambiente exterior. Esto quiere decir que ocurren depresiones sin ningún desencadenante “aparente”, y a la vez, que se pueden superar eventos vitales muy duros sin sufrir una depresión. Para más información sobre la depresión y el suicidio en niños y adolescentes podéis consultar estas páginas:

Depresión en los niños. Información hacia los padres 

Reconocimiento de la depresión en los adolescentes. Medline Plus

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Soy médico y además me gusta escribir. Soy una de las co-creadoras de El Violeta es el nuevo Negro. Me gusta ver Netflix, los blogs de autoras femeninas y pensar en lo que podría ser una buena historia.

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